Los inicios de un fenómeno cultural
La primera producción de animación japonesa, donde sale un niño marinero, fue en 1907. En 1916 la productora Tennenshoku Katsudo Shashin encarga una película de género al mangaka Oten Shimokaw; no fue una labor fácil al no haber documentación del tema, pero logró sacar la película “Imokawa Mukuzo”, “Genkanban no maki” (Mukuzo Imokawa y el guardián de la entrada) estrenada en enero de 1917.
Por su parte, el pintor de estilo occidental, Seitaro Kitayama, presenta un proyecto de realización propia a la compañía Nippon Katsudo Shashin (Nikkatsu), la cual acepta encargarle. Kitayama tampoco era un experto en la animación, pero a base de pruebas y errores, consiguió terminar “Saru Kani gassen” (La batalla del mono y el cangrejo). Estos pioneros dieron lugar a las primeras películas animadas.
Durante la Segunda Guerra mundial se realizaron animaciones de carácter propagandístico con miras al público más joven, entre las que se encuentra: “Las águilas marinas de Taro Melocotón”. La televisión japonesa comienza sus emisiones en 1953, lo que hace que la productora, Mushi Production, se planteara realizar una animación, logrando transmitir en 1963 la serie de las aventuras del robot “Tetsuwan Atomu”, también conocido como, “Astroboy”. Tras esto se inició una nueva era de la animación.